jueves, 22 de octubre de 2009

CRÍTICIA TOMACINE.COM


Existe en la sociedad un tabú a la hora de hablar de ciertos temas. Pueden englobarse dentro del día a día pero se ven muy lejanos por norma general. En Yo, también se atreven a adentrarse en el mundo síndrome de down sin complejos, tratando las cosas como son y sin caer en la compasión por ser personas "diferentes".
El cine ha dejado de lado este colectivo. Lo que buscan (y consiguen)
Antonio Naharro y Álvaro Pastor, directores de la cinta, es hablar con naturalidad de la realidad de este mundo que lo vemos tan apartado, más si cabe si el argumento gira sobre el amor.

Si por algo se caracteriza el largometraje es por la sensibilidad con la que se ha tratado. Como bien decía su principal protagonista, Pablo Pineda, en una entrevista que publicamos, "las personas concienciadas son aquellas a las que les ha tocado vivir el síndrome de down de cerca". El entorno de Antonio Naharro es en este caso el involucrado, pues su hermana Lourdes padece síndrome de down. Así pues se explica la honestidad desde la que ha trabajado el equipo técnico de Yo, también.

Es difícil saber convivir en armonía teniendo dentro de la familia un síndrome de down. Las relaciones son complicadas, requieren del esfuerzo de todos pero a su vez aporta una afectividad fuera del alcance de muchos hogares. En la película, como en el caso particular de Antonio, conviven dos hijos: uno con síndrome de down y otro no. Dejando en el trastero, aguardando, la parte dura de la convivencia, en el film recalcan el lado positivo. Su lado humano y la espléndida relación entre padres-hijos, hermano-hermano, mostrando con entusiasmo la cercanía entre ellos.

En pro de la búsqueda del realismo, es el propio Antonio Naharro el encargado de dar vida a Santi, el hermano de Daniel (Pablo Pineda). Su relación la de cualquier hermano en la que uno siempre ve en el otro su modelo a seguir: ya sea por ser el hermano mayor o por ser "el normal" como en el caso que tratamos.

Sus dos protagonistas principales están formidables, labor que el
Festival de San Sebatian no pasó por alto otorgándoles sendas Concha de Plata por sus interpretaciones.
Pablo Pineda es el pilar en el que se basa la película, un caso atípico dentro de las personas con síndrome de down que ha sido capaz de sacarse dos titulaciones universitarias, actuar de forma maravillosa y hablar con más propiedad y cordura que muchos de los políticos que nos gobiernan. Su actuación en la que da vida a Daniel Sanz es ejemplar, siendo capaz de hacer reír y llorar al espectador con un talento fuera de lo común gracias a la expresividad de su rostro y al desparpajo que posee.

A su lado encontramos a una
Lola Dueñas que al paso que va será una de las actrices más laureadas del panorama nacional. Interpreta a Laura Valiente, una compañera de trabajo al que se acaba de incorporar Daniel. Es un papel difícil debido al sufrimiento al que ha sido expuesto en el pasado, el cual mantiene un caos interno en el presente. Esas características imponen un fuerte caracter en su personalidad, representado con éxito en la gran pantalla presentándonos a una mujer rocosa de fachada, hecha añicos por dentro.

La danza y la música son esenciales en Yo, también. La integración es el mayor campo de batalla al que deben enfrentarse los síndrome de down y sus familiares por lo que han participado con la Compañía Danza Móbile, ubicada en Sevilla (ciudad en la que vivía Antonio y Lourdes Naharro). Se trata de una compañía de danza en el que desde su creación su intención es el de introducir a una compañía de danza, que trabaja con personas con discapacidad intelectual, en los circuitos normalizados de danza, con la intención de que, público, crítica y mercado, valoren su calidad artística al margen de su discapacidad.

Para cubrir la película del entusiasmo y positivismo era esencial encontrar una buena banda sonora. Los directores quedaron prendados del trabajo de Guille Milkyway (La casa azul) incluyendo uno de sus temas en ella. Para completarla se han acompañado de Luis Calvo y su discográfica Elefant Music Supervision para añadir pequeñas joyas pop alternativas de grupos británicos (The School, BMX Bandits, Gentle People, Camera Obscura o Nick Garrie), italianos (Giorgio Tuma o Fitness Forever), australianos (Riot in Belgium) o españoles (Souvenir, Beef y La Casa Azul).

La inserción laboral no se trata en profundidad en la historia, otorgando mayor protagonismo al amor y a la relación entre padres e hijos. Como he dicho anteriormente el lazo afectivo entre las familias se incrementa dando lugar un resultado positivo y negativo a la vez. Siendo padre es difícil educar un hijo y aceptar su transformación de niño en adulto. En una familia con síndrome de down pasa exactamente lo mismo, con la salvedad que el afecto nubla la vista y la sobreprotección ciega a veces el filtro parental.

Tendemos a hablar y comportarnos del mismo modo que lo hacemos con los niños pequeños sin reparar en que en muchos de los casos tratamos con adultos, con discapacidad intelectual, pero adultos. Ellos no son tontos y entienden las cosas mejor de lo que nos imaginamos. Por esto mismo
Yo, también es tan interesante. Es una dura crítica hacia estas barreras que nosotros mismos levantamos (pese a que existen más momentos cómicos que dramáticos).

"Ellos" son personas que sienten igual que "nosotros". Aman igual que "nosotros" lo hacemos y por consiguiente practican sexo del mismo modo.
¿Quiénes somos "nosotros" para considerarnos "normales"?
¿Por qué ese afán de "hacerles" ver que su objetivo debe ser comportarse de forma "normal"?

XAVIER VILLANIEVA (tomacine.com)